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Olin Thomas |
Oh, está
todo bien
Conferencia
General de Afirmación – Salt Lake City, Utah, 24 de agosto de 1997.
Olin Thomas
El incidente sobre el cual voy a hablarles ocurrió durante una travesía de los
grandes llanos por parte de los pioneros mormones, en 1852. Este fue registrado
por Óscar Winters, después de llegar a ser padre del suegro de Heber J. Grant.
“Una
noche, un miembro de la caravana se retrasó en llegar al campamento. Reunimos
algunos voluntarios y estábamos a punto de volver hacia atrás para averiguar si
algo había sucedido… cuando le vimos venir a lo lejos. Una vez que llegó, le
ayudamos a desuncir las bestias y a conseguir comida para la cena. Había estado
muy enfermo, por lo que se había visto en la necesidad de recostarse por el
camino un par de veces. Después de la cena, se sentó en una piedra grande, junto
a la fogata, y comenzó a cantar el himno ‘¡Oh está todo bien!’. Era costumbre en
el campamento que siempre que alguien comenzara a cantar ese himno, los demás
nos uníamos a cantarlo; pero, sin saberse por qué, nadie se unió a cantar con
ese hermano. La voz le salía muy débil y apagada. Cuando hubo terminado, miré a
mi alrededor, y no creo haber visto a nadie que no tuviese los ojos llenos de
lágrimas. Cantó el himno de modo hermosísimo, pero con voz débil y triste, pero
aun así, con el espíritu y la inspiración del himno. A la mañana siguiente,
reparamos en que no había comenzado siquiera a enganchar los bueyes; entonces
nos dirigimos a su carromato y hallamos que ¡había muerto durante la noche!
Cavamos una tumba poco profunda y sepultamos allí su cuerpo. Entonces nos
acordamos de la piedra sobre la que él se había sentado la noche anterior cuando
cantó:
Aunque
morir nos toque sin llegar, ¡oh, qué gozo y paz! Podremos ya, sin penas ni
dolor, con los justos morar.
“E
hicimos rodar la piedra hasta la sepultura donde la pusimos a modo de lápida”.
La primera vez
que leí esta historia, se me ocurrió la similitud de las emociones que evoca con
las que sentí cuando murió Mark, mi primer compañero. Él y yo también en un
viaje, también largo y con un futuro incierto. Era el camino hacia la
aceptaci{on por parte de nuestras familias, de nuestros compañeros de trabajo y
de nuestra sociedad. Considerando que los primeros mormones fueron expulsados de
sus hogares, literalmente, usando la violencia física o amenaza de usarla, los
gays y lesbianas son con más frecuencia expulsados de sus familias y amistades
usando una conspiración de silencio, la negativa a encarar o a lidiar con el
hecho de nuestra homosexualidad. Mark y yo fuimos aceptados por su familia y la
mayor parte de la mía, solo si fingíamos que no éramos homosexuales. ¿Qué tan
similar es la historia de los primeros mormones, aceptados por sus familias si
se les negaba lo que sabían que era la verdad? Cuando Mark estaba cerca de la
muerte, con su familia que todavía no lo aceptaba rodeándolo, no pude evitar
sentirme triste y amargado en cuanto a que nunca había llegado a su destino en
ese viaje hacia la aceptación, tal como esos hombres pioneros mormones que nunca
llegaron a su destino en Utah. ¿Por qué esos desafortunados pioneros mormones
cantaban “Oh, está todo bien”, cuando ellos sentían que su viaje terminaba? Y,
¿por qué yo, un mormón gay de 150 años después, recordaba a su amante a través
de la lectura de esta historia? La respuesta está en la letra y la historia de
“Oh, está todo bien”.
“Oh, está todo
bien” fue escrito en abril de 1846, durante el viaje entre Nauvoo y Winter
Quarters, en la frontera de Iowa y Misurí, por William Clayton. Este fue el
tiempo más duro para los miembros de la joven Iglesia SUD. Por la herejía de
haber proclamado que Dios había enviado más de Su palabra al mundo, fueron
atacados en todas partes. Finalmente, la única dirección viable para ellos
pareció ser hacia un nuevo lugar, donde ellos pudieran encontrar la paz y la
libertad que necesitaban. Yo creo que la comunidad gay y lésbica de la década de
1990 está, por mucho, en la misma posición que los pioneros mormones en la
década de 1840. Por primera vez en la historia grandes números de gays y
lesbianas se han atrevido a proclamar su creencia de que Dios los creó tal como
son y que su conocimiento es verdadero, no pecado ni herejía. Y la sociedad ha
respondido a los gays tanto como la sociedad respondió a los mormones de siglo y
medio atrás.
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Yo creo que la comunidad lgbt de la década de 1990 está, por mucho,
en la misma posición que los pioneros mormones de la década de 1840. |
¿Cómo debemos
responder? ¿Dónde hallaremos consuelo? Hay poder y consuelo que se encuentran en
la música. Canciones que describen la misión y las creencias de los grupos a
menudo se convierten en símbolos para que se unan y animen. El himno “Oh, está
todo bien” se convirtió en el gran himno del éxodo de los pioneros mormones. El
“Himno de batalla de la República” se convirtió en un himno para las tropas de
la Unión durante la guerra civil estadounidense. La canci{on “We shall overcome”
levantó el espíritu de los estadounidenses negros durante el período del
movimiento por los derechos civiles. No hay ninguna canción que haya alcanzado
tal estatus para el movimiento de los derechos gays, pero los mormones gays y
las mormonas lesbianas pueden tomar una lección de nuestro propio pasado y
abrazar de nuevo el himno que tan bien sirvió a los pioneros para el mismo
propósito.
“Santos, venid,
sin miedo, sin temor.” Me pregunto, ¿habría tenido yo el valor de unirme a la
Iglesia en la década de 1830? ¿O el miedo a las dificultades y al esfuerzo me
habrían hecho comprometerme y permanecer a salvo en una iglesia de la corriente
principal? Hoy estoy orgulloso y valientemente abierto acerca de mi verdadero
yo, siempre y cuando la audiencia sea amistosa, o por lo menos inofensiva. O en
la medida en que no voy a perder una relación importante o poner en peligro mi
trabajo. ¿Qué he de temer? El esfuerzo y el trabajo de volver a empezar, de
construir nuevas relaciones o comenzar un nuevo trabajo (¿cómo podría haber
cruzado las llanuras cuando no puedo salir de mi propio capullo?) Ir hacia
adelante en su propio viaje personal, “mas con gozo andad” —con un corazón más
ligero, significa con un paso rápido— sin atascarse en el fango de la
cotidianeidad vulgar. Constantemente me recuerdo a mí mismo que puedo llegar de
mal humor o puedo dejar ir el enojo e ir en paz. Voy a terminar en el mismo
lugar, pero lo que habré aprendido en el camino será muy diferente.
“Aunque cruel
jornada esta es”, y pueda parecer dura, a veces quizá como algo mucho más de lo
que un corazón pueda soportar, “Dios nos da Su bondad”. Con demasiada frecuencia
cometemos el error de tratar de llevar la carga de nuestras preocupaciones y
responsabilidades solos y en silencio. Entreguemos nuestra necesidad de
controlar la situación, aceptando la gracia de Dios y viviendo cada día lo mejor
que se pueda. Uno sabe que el mañana y sus dificultades están a la vuelta de la
esquina, pero también otro día de lucha, y uno será un día más sabio. La jornada
de mañana puede parecer más difícil que el camino de hoy, sin embargo, son una y
lo mismo. “Mejor nos es el procurar afán inútil alejar. Hay tantas cosas que
realmente importan: amar a nuestro prójimo, respetar a nuestras comunidades.
Pero es inútil el apaciguar a amigos o enemigos sacrificándonos para encajar en
el grupo.
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Como
pioneros gays, nosotros no estamos buscando un lugar geográfico de
recogimiento, sino un lugar filosófico más allá del sesgado conocimiento
de la sociedad en la frontera del espíritu humano. |
Cuando Mark
murió, yo naturalmente lloré su pérdida, pero también lloré por mí mismo,
atrapado en un lugar extraño, viudo en mi propia mente, pero no siendo
reconocido como tal por la mayoría de la gente con la que tenía que tratar.
Pensé que, por cierto, mi suerte era muy difícil. Pero llegué a ver que no era
diferente de los pioneros mormones que perdieron una esposa o un marido en la
enfermedad en el camino al Oeste. Si sus lo hubieran dejado, como yo hubiera
querido, de la manera que se pierde a un ser querido, todavía estaríamos en una
colonia extranjera. Hay algo mucho más grande que cualquiera de nosotros a lo
que no debemos obediencia ciega, sino servicio leal, porque todos dependemos los
unos de los otros, y todos quienes hemos sufrido por la pérdida de alguien,
tenemos que admitirlo. Sería hipócrita de mi parte renunciar a la humanidad
debido a la indiferencia de unos pocos.
“¿Por qué
pensáis ganar gran galardón, si luchar evitáis?” Estamos en movimiento,
detenernos ahora no necesariamente nos protegerá de lo que hemos adquirido hasta
ahora. Recuerda, la Iglesia tiene su sede en Salt Lake City, no a orillas del
río Misurí. Ni preguntar ni decir que no hay recompensa, sino que se trata de
una amenaza velada como una amable concesión. Una vida de castidad no es pureza,
es pura miseria, un intento piadoso de vivir con los ideales establecidos por
otros. “Ceñid los lomos con valor, jamás os puede Dios dejar”. Escucha lo que
Dios está realmente diciéndote, y solo a ti, y entonces tendrás un mejor plan de
salvación que cualquier hombre pudiera crear para ti.
Los pioneros
mormones fueron en busca de un lugar que Dios había preparado para ellos, muy
lejos en el Oeste. En aquellos días, el Oeste era la frontera, más allá del
límite de lo conocido. Como pioneros gays no estamos en busca de un lugar
geográfico de recogimiento, sino más bien de un lugar filosófico, más allá del
límite conocido de la sociedad, en la frontera del espíritu humano. Un lugar
donde nadie vendrá a causarnos daños o temor. Cuando cada uno de lxs hijxs de
Dios es amadx y respetadx y todxs son juzgadxs por el amor que brindan a otrxs,
no por cómo encuentran el amor. ¿Es esto un sueño extravagante? No lo creo.
¿Quién de los cansados pioneros de 1847 se habría atrevido a imaginar siquiera
el éxito y la fuerza de nuestra Iglesia hoy en día, o la posición de respeto y,
a veces, de envidia que se ha ganado? Toda la lógica nos diría que la Iglesia
primitiva debería haber sido aplastada por la increíble presión ejercida en su
contra. Pero ésta fue en vez de eso templada por el fuego, ganando fuerza de sus
tribulaciones. Ahora debemos ganar en propósito y fuerza a partir de la presión
que se ejerce sobre nosotros y perseverar en nuestro camino hacia la aceptación.
Y si morimos antes de que nuestro viaje concluya, podemos regocijarnos en una
vida bien vivida. Nuestros esfuerzos no son en vano. El modelo que seguimos nos
guía y ayuda como aquellos que vendrán después de nosotros, tal como el camino
que hay delante de nosotros se ha hecho más fácil por los que lo han caminado
antes. Pero si en nuestras vidas vemos a nuestros hermanos gays y a nuestras
hermanas lesbianas obtener el descanso que tanto se merecen, entonces tendremos
algo para cantar, y hacer de este coro una gran ola: “oh está todo bien”.
Olin Thomas
Capítulo de Washington DC
(el quinto verso de “Oh está todo bien”, escrito por Sikoki Layton)
Come, come ye gays and lesbians rejoice!
Join in song; hearts will tell.
We stand as one and raise a mighty voice!
In the light we shall dwell.
As we share with pride this message true:
We're God's gay children and we're loved too!
Affirm this truth and spirits swell-
All is well, all is well!
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