¿Qué es ser lesbiana? Parece ser una pregunta sencilla que amerita
una respuesta sencilla; pero no es así. Podría responder que
ser lesbiana es simplemente hacer referencia a una mujer que
ama a otra mujer. No obstante no es correcto. Esto es solo
aquello que se observa de manera superficial. Entonces...
¿Qué es ser lesbiana...?
Roxana
López
Una conversación con Roxana López, de Afirmación Tucumán,
Argentina.
.
Fue hace mucho tiempo cuando aprendí que lesbiana es una
mujer que está por placer con otra mujer. Después entendí
que podía ser por afecto, amor, sexo, etc. Con el tiempo,
comprendí que decirles lesbianas, es además, un hecho
político de visibilidad a las mujeres en un mundo
patriarcal, muy diferente que decirles homosexuales
femeninas. La palabra homosexual, en la actualidad, está en
el imaginario colectivo como gay-hombre, y lo de femenino se
volvería un adjetivo arbitrario. Pero, las lesbianas pueden
ser, igualmente, a pesar de lo anterior, identificadas como
mujeres homosexuales o mujeres gays. Es cuestión de
preferencias. Y de cultura también.
Bueno, el asunto es que llamado a no quedarme en lo
meramente genérico, ha surgido la necesidad de hablar un
poco acerca de qué es ser lesbiana. Obviamente yo no puedo
decirlo de primera fuente, tengo que averiguar, preguntar,
investigar, y llegar a una comprensión que quizá no sea
académica pero que sí responda a las necesidades de
información de las personas y, mejor aún, a la realidad
cotidiana, esa que va más allá de las clasificaciones, de
las definiciones y de las catalogaciones y de los
encasillamientos a que estamos acostumbrados.
Entre conversaciones en distintos lugares, me di cuenta de
que hay mujeres lesbianas que nunca han adherido a la
definición de que lesbiana es una mujer que ama a otra
mujer. Muchas mujeres, ahora, entienden la lesbianidad como
una categoría política y no como una circunstancia
amatoria / amorosa / ¿coyuntural?... ¿Si no ama, no es? ¿Y
si no es amada, vuelve a la norma heterosexual?
Más adelante, en mi caminata por la vida, y a fuerza de
monsergas, discursos, declaraciones de principios y muchas
otras cosas, entre libros y líderes espirituales, me di
cuenta que ser lesbiana era ser anormal, puesto que no
seguía la norma establecida social y culturalmente que se
les había asignado al nacer. Las lesbianas se rebelan a la
heteronorma y eligen ser parte de una disidencia sexual. Hay
muchas que eligen esa herramienta para correrse del
casillero otorgado, no se conforman con “derechos iguales”
ya que eso implicaría la continuidad de una sociedad a la
que pretenden cambiar, siendo radicales, buscando
transformar esta sociedad desde la raíz.
Desde esta visión fuera del cuadradito normativo y con la
libertad que también me otorga la indispensable herramienta
de la rebeldía, tuve la posibilidad de seguir observando a
través de conductas que se oponen a las reglas estrictas del
sistema opresor y ordenador.
La idea de muchas mujeres lesbianas es revisar y (re)crear
formas de vida que las lleven a vivir en armonía con sus
cuerpos, placeres, deseos, amores, reinventando sus propios
códigos. Sin propiedad privada de cuerpos ni deseos
instituidos. Ser una amante en libertad no implica,
necesariamente, estar todos los días con alguien diferente,
es revolucionar prácticas y formas; es reapropiarse de sus
cuerpos; es estar en permanente comunicación consigo mismas.
También con sus fantasías y necesidades.
Mientras
desarrollan sus actividades cotidianas, miran a la gente, se
miran, observan las ropas, posturas, abrazos y notan que su
deseo no siempre condice con su género. Si bien algunas
siempre saben que no son ni desean ser “femeninas”, sino
feministas, porque también se entiende que el ser mujer no
es sinónimo de femenina. Los géneros son muchos, variables,
nómades. Imagino que si consiguiéramos romperlos, caerían un
montón de pedacitos y así se desintegrarían. Finalmente
acabaríamos con el binomio hegemónico de la masculinidad
versus la femineidad, y entonces, podríamos abrir la puerta
e invitar a entrar a tantas variedades intermedias e
inimaginables hasta ahora.
El mismo rompimiento podríamos hacerlo respecto a las
sexualidades.
Una amiga, o mejor dicho, una conocida cercana, me dijo que
un día, al doblar la esquina, en una callecita se encontró
con un libro abierto de la Beauvoir, “mujer no se nace, se
hace”. La leyó y siguió caminando, manos en los bolsillos, y
pensando lo que una mujer representa en esta sociedad:
casa-miento heterosexual y monogámico, unido al ser dueña de
casa para siempre, la procreación del llanto obligatorio,
hacerle la comida al marido, plancharle sus camisas y
pantalones, levantarle la toalla mojada del piso, sin
mencionar la obligatoriedad del aburrido sexo del entra y
sale compulsivo, aparte de que hoy en día también debería
trabajar fuera de casa (lo que ella considera lo mejor de
todo). Annabella me contaba que un día, caminando junto a la
playa, en un hermoso atardecer de verano, mientras se
preguntaba dubitativa y cabizbaja si ponía piedras en sus
bolsillos y entraba lentamente al agua, como al estilo de
Alfonsina, vio venir un objeto no identificado hacia ella.
¡Finalmente resultó ser una botella con un papel adentro!
¡Traía un mensaje! “Las lesbianas no somos mujeres. Monique
Wittig”. Ahhh niña, que por ti suspiro…
Uno de los últimos descubrimientos, es que hay lesbianas que
están, a veces, con varones y siguen siendo lesbianas.
Bueno, pero eso no es ningún descubrimiento, ellas siempre
lo han sabido. Nosotros también.
Seguramente, el ser lesbiana es todo un mundo, mejor dicho,
un universo, que para muchos y muchas resulta ignoto e
ininteligible, pero es la realidad que viven a diario miles
y miles de mujeres de este país y de todos los países, que
se saben diferentes, que anhelan los mismos derechos que las
demás personas, ni uno más, ni uno menos. Y son mujeres tan
completas y normales como todas las mujeres, con las mismas
capacidades, con sueños, deseos, anhelos y motivaciones,
personas normales que tienen la misma dignidad que las demás
mujeres y que los hombres, por el solo hecho de ser
personas.
Después de observar el maravilloso fin de tarde sobre las
colinas que limitan el valle de Quilpué por el poniente,
vuelvo al comienzo, ¿qué es ser lesbiana?
Entonces, hablé con Roxana. Ella es una mujer que tiene una
gran entereza, que tiene un testimonio del Evangelio, de sí
misma y de su experiencia en la vida. Y esto es lo que ella
dice de sí misma:
¿Qué es ser lesbiana? Parece ser una pregunta sencilla
que amerita una respuesta sencilla pero no es así. Podría
responder que ser lesbiana es simplemente hacer referencia a
una mujer que ama a otra mujer. No obstante no es correcto.
Esto es solo aquello que se observa de manera superficial.
Entonces... ¿Qué es ser lesbiana? Creo que para responder
esta pregunta hay otra anterior y mucho más profunda, ¿Quién
es lesbiana? Pues bien, si partimos de la primera respuesta;
es decir es una mujer que ama a otra mujer, nos encontramos
con el concepto fundamental: dicho concepto es el ser mujer.
Hasta este momento nos encontramos con que una lesbiana es
una mujer. En este punto surgen otras dudas. En primer
término ¿Todas las mujeres son lesbianas o potencialmente
pueden llegar a serlo? Por supuesto que no. ¿Tan solo cuando
una mujer ama a otra es lesbiana? Y respondo:
Terminantemente no.
¿Qué es ser lesbiana? Hay lesbianas que viven en silencio,
que jamás se atreverán a aceptarse ellas mismas y, mucho
menos, abrir su boca para expresar sus sentimientos o ideas.
Un temor interno les paraliza aquella parte a la cual
rehúsa abrir una puerta en su vida. Por eso ¿Dejan de ser
lesbianas? Terminantemente no.
Hay lesbianas que luego de un arduo proceso interno aceptan
su sexualidad pero, por decisión propia jamás lo hacen en
público. Continúan sus vidas desde el silencio. Por eso
¿Dejan de ser lesbianas? Terminantemente no.
Hay lesbianas que motivadas por el deseo de construir una
familia, de tener hijos forman pareja, ya sea dentro del
matrimonio o fuera de él, con un hombre. ¿Dejan de ser
lesbianas por haber estado al lado de un hombre?
Terminantemente no.
¿Dejan de ser lesbianas por tener hijos? Terminantemente no
Hay lesbianas que se dedican al activismo político, luchan
por los derechos de la comunidad LGTB, dan la cara. ¿Son
ellas las autenticas lesbianas? Terminantemente no
Hay lesbianas para las cuales la consagración religiosa es
aquello que da sentido a sus vidas: el servicio al prójimo y
a Dios. ¿Dejan de ser ellas lesbianas? Terminantemente no
Entonces… ¿Qué es ser lesbiana?
Ser lesbiana es ser la mujer que aprendió a amarse y
valorarse a sí misma como persona y ser humano. Una lesbiana
es una mujer que a partir del descubrimiento de la riqueza
de su mundo interior, cuestiona en forma permanente roles,
mitos, estereotipos de géneros asignados por la cultura a
hombres y mujeres. Una lesbiana es una mujer que resiste
mandatos que considera injustos o posibles de mejorar. Una
lesbiana es una mujer que cree en la igualdad sin distinción
de sexos, razas, clase o religión, entre otras cosas, y crea
y recrea estrategias para luchar por ella.
¿Que es ser lesbiana? Ser lesbiana es un acto íntimo, no de
intimidad. Es una construcción a la cual se accede luego de
desconstruir el yo… quedando en la profundidad del ser
¿Quién soy? ¿Qué me gusta? ¿Qué me disgusta? ¿Cómo me
siento? Son solo preguntas que componen este dialecto
interno. Ser lesbiana es mirarse en el espejo del alma y
decirse “soy mujer” me amo, soy valiosa y enfrento el mundo
desde mi propia dignidad, caminando con mis pies y
fundamentalmente dejando que mis guías sean el corazón, la
intuición y la razón.
Quedo con esta impresión de primera fuente, de primera mano
también, para seguir aprendiendo de lo que es ser y lo que
no es ser una mujer lesbiana en el mundo de hoy.
Pero, en vista de todas las declaraciones de líderes y
dirigentes espirituales, ¿puede una lesbiana ser creyente? A
menudo la respuesta es no. Demasiado a menudo, nuestros
prejuicios sociales nos llevan a condenarlas de antemano.
Pero, ¿cuántos sacerdotes, pastores, rabinos —o como sea que
se designe a un líder espiritual en particular— han dicho
que el Antiguo Testamento no se refiere en absoluto a la
homosexualidad femenina? Y esa es la verdad absoluta y
definitiva: en vanos buscamos en el Antiguo Testamento una
referencia a mujeres lesbianas, ni por si ni por no. De
hecho, en toda la Biblia se encuentra una sola referencia al
lesbianismo, y es en el primer capítulo de la Carta del
apóstol Pablo a la iglesia de los Romanos, con referencia a
las prácticas religiosas que se consideraban por esos
entonces abominables dentro de la Iglesia cristiana, la que
en esos tiempos era considerada y tratada como una secta
peligrosa y que destruía a la familia y los valores morales
de los ciudadanos del Imperio. De nuevo, el testimonio de
Roxana, quien participa activamente en Afirmación Tucumán,
en la República Argentina, viene al caso. Ella es lesbiana,
pero también es mormona y, sobre todo, una mujer de fe.
¿Puede una lesbiana ser mormona? Terminantemente si
puede.
Mi anillo el que comúnmente conocemos entre los miembros de
la iglesia dice HLJ “Haz lo justo”
Mi mano lo luce con dignidad, me he preocupado en hacer las
cosas de manera justa, acorde a las enseñanzas del evangelio
de Jesucristo, creo en mi Padre celestial, confío en Él. Me
he arrodillado muchas veces a orar por mil causas, a pesar
de mi orientación sexual no dejo de tener fe. Cristo es la
causa de mi vida porque fue el primer hombre que se atrevió
a cuestionar y a transgredir cánones y mandatos, porque no
eligió a quien curar y bendecir y a quien no, ni tampoco
oprimía con aflicciones a quienes le solicitaban sus
servicios. Entre sus brazos no hay exclusión sino que todas
y todos somos iguales y nos mira con ojos de un padre
amoroso y nos bendice cada día, y nadie queda fuera.
Finalmente quisiera dejar una imagen de que es ser mormona y
lesbiana: Es sentirme como un árbol, con sus raíces
enterradas profundamente en la tierra buena, siendo nutrida
por el agua viva de Cristo, con su tronco firme y robusto
para hacer frente a los avatares de la vida y las ramas
hacia el cosmos, cual brazos que se abren al Dios creador y
recibe con amor, alegría y agradecimiento a la diversidad de
su creación.
Existen muchas mujeres lesbianas a las cuales les interesa
ser un instrumento en las manos de nuestro Padre Celestial,
muchas de nosotras nos preparamos para lograr servir de
forma eficiente. Y no dudamos en solidarizarnos en causas
justas.
Sentarse por un instante en cualquier lugar y conversar con
alguien que se siente desesperada o desesperado porque cree
que nadie le comprende y encontrar la seguridad de la
confianza y expresar que se es lesbiana o gay, trans o
bisexual es un inmenso paso a la realidad. Es muy
gratificante saber que no estás solo o sola, que quien te
escucha no va a echar tela de juicio sobre ti porque también
es lesbiana o gay quizás bisexual o transexual y entiende lo
que te pasa porque también ha sufrido esas mismas cosas que
hoy te suceden a ti... He escuchado de jóvenes que han
intentado el suicidio porque sus padres les rechazan o no
les escuchan. Otros se abandonan a las drogas o pierden el
interés de superarse porque nadie les muestra cuán valiosos
son. Somos discriminadxs en muchos lugares y de diferentes
formas. Discriminarnos entre nosotrxs
sería la cosa más fea de la que jamás quisiera ser parte. He
aceptado mi orientación sexual desde muy joven, quizás desde
mis 7 años, precoz diría mi obispo, que de hecho sabe de mi
orientación, al igual que mi presidente de estaca. A mis
17 conocí la iglesia mormona, me bauticé sabiendo que
jamás me casaría con un hombre. Aspiro a tener una pareja
estable, o por lo menos lo he intentado. Sé que mis
decisiones tienen consecuencias altas, que estoy lista a
asumirlas cuando el Señor me llame a Su presencia. De seguro
cuando me pregunte si fui feliz, le diré que sí. Actualmente
me he enamorado otra vez y cuesta creer que también
existamos dentro de las iglesias y hablo de todas las
iglesias en general. Algunas somos visibles, otras no tanto
y por ultimo existen quienes tienen una doble vida; no las
culpo, en todos los lugares no hay personas comprensivas.
Somos mujeres que amamos diferente, quizás de forma
especial. Reímos, lloramos, sentimos, oramos, tenemos madre,
padre, hermanos, sobrinos, amigos, vecinos, sentimos
cosquillas, y nos enamoramos de personas de nuestro mismo
género. También fui una de esas personas que necesitaba
abrir su boca y ser escuchada, no buscaba aprobaciones,
quería ser yo…esto siento… esto es lo que me pasa. Mi madre
lo sabe, mi familia también. Soy lesbiana, soy mormona, y
soy una mujer muy feliz.